Los
orígenes de una danza de representación (forma esencial
del arte del ballet), deben remontarse a los tiempos de la
dominación hispánica y con mayor precisión al
establecimiento de las Misiones de los Padres de la Compañía
de Jesús*. En 1607, se creó la Provincia Jesuítica
del Paraguay que comprendía, entre otros territorios, la actual
Argentina. Desde esta fecha hasta 1767, año de la expulsión
de los padres, se observa la representación de espectáculos
de carácter, en general, religioso y evangelizador, donde la
participación armoniosa del teatro de prosa, la música,
la danza y elementos de escenificación, cumplió con
su doble finalidad didáctica y artística en clara relación
con la obra general trazada por los misioneros. Por su parte, la práctica
de la danza española resultó habitual en nuestros territorios.
La danza de Escuela Bolera*, o sea la disciplina clásica
española, fue una presencia regular y habitual que se extendió
hasta bien entrado el siglo XIX. No sólo bailarines, sino los
mismos comediantes, participaban de su ejecución en el contexto
del espectáculo teatral. En el primer cuarto del siglo XIX
se presentaron las primeras figuras de formación profesional
y académica: los Touissant*, los Cañete*
y los Catón*. El divertissement, solos, danzas
de carácter, dúos (e inclusive mimodramas como los practicados
por los Catón con sus ballets napoleónicos),
ocuparon nuestros teatros.
(*) Temas que pueden ser consultados. Para mayor información
sobre estos items diríjase a danza@surdelsur.com |