Los primeros colonizadores que llegaron a América del
Sur fueron los españoles. Y en cierto modo por accidente,
ya que la intención inicial era encontrar un nuevo acceso a la India.
Estimulados básicamente por el afán de obtener metales preciosos,
no resulta sorprendente que la corona española considerara a Lima antes
que a Buenos Aires, que únicamente contaba con tierras vírgenes
y tribus nómadas de hostiles indígenas. Es
por eso que el Virreinato del Perú se creó lentamente,
y siempre a la sombra del Imperio Inca. Fue
el interés que despertó el desarrollo del puerto de Buenos
Aires a países como Portugal, (que hizo llegar su expansión
colonizadora hasta el río de la Plata); Inglaterra y Francia,
(que realizaron expediciones en la Patagonia y Malvinas); lo que hizo que España
tomara conciencia de la importancia y autonomía de esta región.
Así se llegó a la creación del Virreinato del Río
de la Plata en 1776. Y si bien al principio la población se
repartía entre distintos puntos del interior, poco a poco, gracias a
la riqueza ganadera litoraleña y las bondades del puerto de Buenos Aires,
-desde donde se exportaban cuero, sebo y lana-, la actividad económica
se centralizó en Buenos Aires. Cuando
en 1810 se produjo la revolución de mayo, el río
de la Plata era un atractivo centro comercial que intentaba desligarse del monopolio
español. Potencias
europeas más recientes y fuertes que el desgastado imperio español,
como Inglaterra, aceleraron el desmembramiento del Virreinato.
Finalmente, y como consecuencia de este proceso, se llegó a la estructuración
del actual Territorio Argentino.
Cuenta con:
Una superficie de 2.791.810 km2, que corresponde
a la porción americana emergida.
Una parte Antártica con 965.597 km2.
Está dividida en 23 provincias y la ciudad de Buenos Aires.