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LUNFARDO



El tango y el lunfardo ciertamente no son hermanos. El tango tiene sangre negra y el lunfardo la tiene gringa. No estoy tomando partido, en cuanto al tango concierne, en la polémica trabajada entre hispanistas y negrólogos; digo, simplemente, que lo que de español tiene el tango es también de estirpe africana; inclusive el tango andaluz había sido afrocubano. Más claro tengo la cepa lunfarda injertada al árbol del hablar popular de Buenos Aires, en la que tan fuerte tallaban las voces y los giros campesinos.
Considero impropio hablar del tango como una unidad. Sospecho, más bien, que el tango del compadrito -alegre, zafado, veloz en el baile y jacarandoso en el canto- no es el mismo tango del hijo de inmigrantes -triste, sentimental, reconcentrado en el baile, frecuentador de torvas historias de amores y traiciones en su letra-. Al primero lo personifico en Villoldo; al otro, en Contursi. Y bien, ya el tango de Villoldo abrevó en el lunfardo, aunque no muy copiosamente, inclusive porque para aquella época el lunfardo no era muy copioso. Si el lunfardo hubiera sido la conmixtión del habla del compadrito con la del inmigrante, habría derivado al papiamento, a créole, a lengua mixta. Pero, aunque la escuela pública, al afianzar el idioma nacional, que era el castellano, impidió un desaguisado lingüístico más propio de un puerto franco que de una nueva y gloriosa nación, no pudo evitar que algunas voces oriundas de Italia -del italiano mismo, del genovés, del napolitano, del furbesco- se prendieran a los labios del compadrito, que comenzó a italianizar y a mezclar voces de Europa y de la campaña, como el protagonista del tango Ivette, de Pascual Contursi: "¿No te acordás que conmigo / usaste el primer sombrero / y aquel cinturón de cuero / que a un esmujen le amuré? / ¿No te traje pa tu santo / un par de zarzos debute, / que una noche a un farabute / del cotorro le pianté? / Y con ellos unas botas / con la caña de gamuza / y una pollera papusa / hecha de seda crepé". El tango -no el cuplé que lo prefigura, sino el tango hecho y derecho, tomado de los pies de los bailarines para llevarlo a los labios- comienza a tener letra cuando Contursi se la escribe. La primera, si no cronológicamente, al menos por su importancia, es la del tango Lita, rebautizado Mi noche triste. Aquellos octosílabos memorables comienzan con un vocablo lunfardo, "percanta que me amuraste". Sobre el modelo de Contursi, muchos otros letristas lunfardizaron, sobre todo Celedonio Esteban Flores, quien lo hizo con gran talento. Homero Manzi -en cuya genealogía poética se encuentran González Castillo y Borges- prescinde de ese vocabulario chúcaro, y lo mismo hace Discépolo en sus años postreros. Homero Expósito tampoco lunfardizó, salvo por excepción. Y el tango moderno, cuyo príncipe es Horacio Ferrer, acude a él con sabiduría, más que como lenguaje, como toque literario.
José Gobello

Presidente de la Academia Porteña del Lunfardo

 
Las definiciones, extraídas del "Nuevo Diccionario Lunfardo", de José Gobello, están tomadas según el sentido particular de la frase y no en todas sus posibles acepciones .
 
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