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Biografía de César Milstein
César Milstein nació en Bahía Blanca, provincia
de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1927. Allí vivió
hasta cumplir los 18 años, edad en la que se mudó a la Capital
Federal para comenzar sus estudios en la Universidad de Buenos Aires.
El inicio de su actividad profesional fue, cuanto menos auspicioso, puesto
que cuatro años después obtuvo su doctorado en Química
y un premio de la Sociedad Bioquímica Argentina.
En 1957 se presentó a concurso en el Instituto Nacional de Microbiología
Carlos Malbrán, una institución prestigiosa en aquel entonces.
Allí obtuvo su primer puesto como investigador. Pero poco después,
en su afán de perfeccionarse, Milstein armó las valijas y partió
a Inglaterra para hacer una beca en el Medical Center Research de Cambridge,
uno de los centros científicos mas reconocidos mundialmente por su
excelencia. Su director de investigaciones era nada menos que Frederick
Sanger, quien catorce años después obtendría un Premio
Novel de Física.
Tal fue el éxito en el desempeño del joven Milstein que, una
vez terminada la beca, las autoridades del Medical Center Research, solicitaron
al Instituto Malbrán un permiso para prorrogar la estadía del
científico durante dos años más, y fue concedido.
A pesar del auspicioso futuro en Cambridge, en 1961 Milstein volvió
a la Argentina para ser nombrado jefe del nuevo Departamento de Biología
Molecular del Instituto Malbrán. Las preocupaciones de Milstein
por la ciencia eran genuinas e iban más allá del quehacer específico
de su cargo. Tanto fue así que incluso se ocupó del mantenimiento
físico del edificio del instituto, que atravesaba dificultades presupuestarias.
Se hizo cargo de la situación hasta el punto de fabricar el mobiliario
necesario o incluso reciclar muebles viejos o semidestruídos para mejorar
las condiciones de trabajo.
Pero esta situación se vio aún más perjudicada por el
golpe militar de 1962. El instituto Malbrán fue intervenido.
En ese momento Milstein estaba llevando a cabo, junto con un equipo de profesionales,
un auspicioso programa de estudios, incluso avanzado para la época.
Sin embargo, la política de cesantías que se impuso desarticuló
su equipo en un momento crucial. Los inconvenientes políticos e institucionales
estaban llegando demasiado lejos, al punto de atentar contra los resultados
del trabajo realizado.
Lo cierto es que Milstein, aunque no se vio tan perjudicado por esta política
como otros colegas, se sintió agotado por la situación y decidió
no seguir adelante en esas condiciones. Entonces emprendió la partida
que esta vez sí sería definitiva.
Volvió, en 1964, al Medical Reaserch Council de Cambridge. En menos
de un año obtuvo los primeros resultados de la investigación
que lo haría merecedor del Premio Novel de Medicina y Farmacología
dos décadas después.
Para 1983, Cesar Milstein ya era un ciudadano y científico inglés,
y había sido nombrado jefe director de la División de Química
de Proteínas y Acidos Nucleicos de la Universidad de Cambridge.
Debido a su doble nacionalidad, el honor del Premio Nobel que ganó,
junto a su colega George Köehler, en 1984 por el desarrollo de
los anticuerpos monoclonales, debió ser compartido por los dos
países.
Recién en 1987, la Argentina lo honró convirtiéndolo
en ciudadano ilustre de la ciudad de Bahía Blanca y también
con el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional
del Sur.
En la actualidad el científico continúa su trabajo en el Laboratorio
de Biología Molecular de Cambridge y visita frecuentemente la Argentina.
Precedente
Hubo
un argentino que obtuvo antes que Alberto Milstein el premio Nobel en Medicina
y Fisiología, fue Bernardo Houssay. Nació en 1887 y murió
en 1971. Fue concejero de la Facultad de Medicina durante varios períodos,
profesor desde 1919 hasta 1943, director del Instituto de Fisiología,
miembro del Concejo Superior de la UBA, Presidente de la academia
Nacional de Medicina e impulsor de la creación de Conicet.
Obtuvo el Nobel en 1947 por su estudio de la glándula pituitaria.
Fue uno de los más brillantes representantes de la ciencia argentina,
en una época en la que el país apostaba al crecimiento de su
propio capital intelectual.
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